¿Son invisibles las emociones en la educación virtual? La vigente crisis sanitaria y social por la que atravesamos ha acelerado algunos cambios en la capacitación corporativa y en la educación en general, uno de los más resaltantes es la adopción del e-learning como modalidad predominante para la educación, capacitación, entrenamiento o educación continua. Para conseguir que los procesos de enseñanza-aprendizaje virtuales sean efectivos, se han identificado algunos factores determinantes en su diseño y ejecución, como por ejemplo el contar con docentes competentes, disponer de plataformas y aulas virtuales funcionales para las videoconferencias y la administración de recursos educativo, utilizar un diseño instruccional coherente con los resultados de aprendizaje, disponer de un soporte administrativo ágil, contar con políticas y reglas claras, por citar algunos; sin embargo, son pocas las organizaciones que reconocen la importancia de las emociones como un factor crítico de éxito para lograr experiencias de aprendizaje significativas.

«No existe el aprendizaje si no existe el vínculo»

Es una expresión conocida entre los educadores. De ahí la importancia de estrechar los lazos entre todos los que intervienen en este proceso. Estudios como los de García-Rangel, García y Reyes (2014) y el de Vaquer, Carrero y García (2011) han señalado la importancia de las emociones para conseguir resultados positivos en la capacitación y educación presencial, situación que no debería ser diferente en la formación virtual, sobre todo, considerando el desafío que trajo la crisis del covid-19 a nuestro país, no solo por la falta de destrezas digitales en formadores y alumnos, el escaso acceso a dispositivos tecnológicos, los problemas de conectividad, la disposición de ambientes privados en cada hogar para que las personas se capaciten o incluso la pérdida de un ser querido, sino –y principalmente– por la tormenta de emociones que estas situaciones y limitaciones provocan: ansiedad, frustración, miedo, tristeza, inseguridad, enojo o desconfianza, entre otras tantas; emociones que, indefectiblemente, van a mermar en el logro de aprendizajes. Lamentablemente, todavía es pobre la toma de consciencia y la aplicación de estrategias de intervención para gestionar con inteligencia las emociones en un contexto de enseñanza-aprendizaje virtual.

En este escenario, se hace imprescindible que quienes capacitan a trabajadores en las empresas, los docentes de educación superior, así como todos aquellos que tengan un rol formativo asuman el desafío y compromiso de devolver la humanidad a la educación, fortaleciendo y estimulando las relaciones con las personas capacitadas o alumnos. Para este fin, se presentan algunas acciones simples y concretas que pueden aplicar los formadores y que, por supuesto, no agotan las infinitas posibilidades de intervención:

  • Identificar las necesidades formativas y expectativas de los participantes al inicio del programa.
  • Promover el desarrollo de actividades o dinámicas que permitan que los participantes se conozcan entre sí.
  • Preguntar al inicio de cada sesión cómo se sienten y permitirles expresar sus dificultades o emociones positivas (por micrófono, chat, por encuestas, con emojis o gif).
  • Indagar cuáles son los pasatiempos, canciones o videojuegos favoritos, e incorporar alguna actividad de aprendizaje relacionado con ello.
  • Colocar una canción de YouTube o un video de TikTok mientras se espera el inicio de la sesión (y aprovechar el momento para socializar un poco).
  • Demostrar empatía y comprensión con sus dificultades tecnológicas.
  • Brindar soporte en su adaptación al aprendizaje virtual.
  • Manejar las propias emociones del formador (tono de voz, lenguaje corporal).
  • Adaptar la metodología y lo recursos educativos a los intereses de los participantes, sin descuidar los logros de aprendizaje, entre otras.

Es cierto, la identificación de emociones y afectos a través de herramientas tecnológicas no es tarea fácil: una cámara y micrófonos apagados o un inexpresivo chat imposibilitan el descubrimiento de emociones por medio del lenguaje corporal y la comunicación; pero es un desafío que se tendrá que superar si se quiere conseguir una educación o capacitación de calidad.

 


Luis Sánchez || Especialista en Calidad Educativa

Alquimia Consultores

 

Referencias:

García-Rangel, Edna Guadalupe; García Rangel, Ana Karenina y Reyes Angulo, José Antonio (2014). Relación maestro alumno y sus implicaciones en el aprendizaje. Ra Ximhai, 10(5),279-290. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=46132134019

Vaquer Chiva, Antonio Vicente; Carrero Planes, Virginia Elena y García Bacete, Francisco Juan. (2011). Encuentro y vinculación afectiva: pilotaje y proceso de nutrición relacional en educación. Psychosocial Intervention, 20(2), 213-225. Recuperado de https://dx.doi.org/10.5093/in2011v20n2a9.

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